Mientras la Unión Europea redefine sus leyes sobre las Nuevas Técnicas Genómicas (NTG), donde se acaba de aprobar una ley que elimina los controles y la información sobre los alimentos modificados genéticamente, sin etiquetado, sin evaluación de riesgos y con el poder de grandes corporaciones que controlan nuestras semillas y nuestra comida.
En el Perú se cocina una tormenta silenciosa que cambiará lo que compramos en el supermercado. ¿Sabes realmente qué estás comiendo?
El vacío de las “Plantas Invisibles”
La nueva normativa europea divide los cultivos editados genéticamente en dos grupos. Las llamadas NTG1 (modificaciones menores) podrían quedar libres de etiquetado obligatorio en origen. El problema para el Perú es inmediato: al importar insumos agroindustriales procesados (como derivados de maíz o soya), nuestras aduanas no tendrán cómo rastrear el origen de estos alimentos. Se vuelven técnicamente “invisibles”.
La ley peruana vs. El reglamento del 3%
Contrario a lo que se cree, el Perú sí exige etiquetar los transgénicos desde 2011 (Artículo 37 del Código del Consumidor). Sin embargo, la ley nunca se aplicó eficazmente por falta de un reglamento técnico.
Hoy, la polémica estalla con la propuesta de Indecopi, que busca aprobar un reglamento que solo obligaría a etiquetar alimentos que superen un 3% de contenido modificado.
- El choque: Organizaciones de consumidores como ASPEC y la Comisión de Defensa del Consumidor del Congreso exigen un 0% de tolerancia, respetando la ley matriz.
- El peligro: Si se aprueba el umbral del 3%, miles de productos con trazas modificadas o de nueva generación inundarán los mercados peruanos sin advertencia alguna para el ciudadano.
La sombra corporativa: El lobby de las patentes
Detrás de esta flexibilización no hay una evolución científica espontánea; hay una agresiva presión de las grandes corporaciones biotecnológicas transnacionales, como Bayer, Syngenta o Corteva. Gigantes agroquímicos que presionan a los gobiernos bajo la narrativa de la “seguridad alimentaria” y la “pérdida de competitividad”.
El verdadero negocio no es la semilla, sino la patente. Si el estándar internacional consolida que estas plantas son patentables, la soberanía alimentaria del Perú peligra:
- Monopolio: El mercado de semillas global quedará concentrado en un puñado de empresas.
- Dependencia: Nuestros agricultores quedarán subordinados al pago eterno de regalías por propiedad intelectual para poder competir internacionalmente.
- Presión sobre la Moratoria: Aunque el Perú protege su agrobiodiversidad con una moratoria de siembra hasta 2035, la presión corporativa local e internacional ya busca abrir “excepciones” y tumbar esta barrera legal.
¿Qué nos depara el futuro cercano?
El Perú se encuentra en una encrucijada regulatoria. Si cedemos ante la corriente de desregulación internacional y los lobbies corporativos, perderemos el derecho a saber qué consumimos. La biodiversidad de nuestros productos bandera (como las papas nativas o el maíz gigante del Cusco) depende de un control fronterizo estricto y de políticas que defiendan al consumidor sobre los intereses comerciales.
El debate no es ciencia versus atraso. Es decidir quién controla nuestras semillas y nuestra comida. Europa eligió facilitarles el camino a las grandes corporaciones. El Perú aún está a tiempo de proteger a sus agricultores, su biodiversidad y su soberanía alimentaria.
Protejamos además nuestra comida, el derecho a la información no es negociable. Etiquetado claro desde el 0%, sin trampas ni umbrales.
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