Vida Diversa

Estudios recientes confirman que los residuos de plaguicidas están presentes en los alimentos que consumimos, con análisis que detectan incluso sustancias prohibidas en alimentos de supermercados. Estos residuos pueden penetrar el alimento y no eliminarse fácilmente con lavados o cocción, representando un riesgo potencial para la salud, especialmente con el consumo prolongado.

Un informe de 2024 indica que los alimentos de consumo diario están contaminados con más de 100 plaguicidas, de los cuales algunos son disruptores endocrinos o no están autorizados. Un análisis de monitoreo ciudadano de pesticidas en los alimentos en supermercados de Lima, Perú, reveló que el 65% de las frutas y verduras analizadas tenían residuos de plaguicidas que excedían los límites permitidos. Se encontraron plaguicidas prohibidos como clorpirifos y carbofurano en productos como betarraga, pimiento y tomate, el clorpirifos, prohibido desde agosto de 2024, seguía apareciendo en algunas muestras, evidenciando su uso ilegal.

El consumo constante de alimentos con residuos de plaguicidas puede tener efectos crónicos, como alteraciones hormonales, problemas reproductivos y un mayor riesgo de padecer cáncer, demencia (como Alzheimer y Parkinson) y problemas del sistema nervioso, pueden actuar como disruptores endocrinos, provocando problemas de fertilidad, alteraciones en el desarrollo y otras afecciones hormonales como la diabetes.

Los niños y las mujeres embarazadas son particularmente vulnerables, ya que la exposición temprana se ha asociado con problemas de desarrollo y desórdenes endocrinos.

Aproximadamente un tercio de los pesticidas vendidos por las principales agroquímicas del mundo están clasificados como “altamente peligrosos” y tienen como principal destino a los países menos desarrollados, según una investigación hecha pública por Unearthed -una organización periodística, se pudo visualizar que casi la mitad (41%) de los de los principales productos de los gigantes agroquímicos BASF, Bayer, Corteva, FMC y Syngenta contienen al menos un plaguicida altamente peligroso (HHP, por sus siglas en inglés). Además, según Unearthed, más de dos tercios de esas ventas se realizaron en países de bajos y medianos ingresos de América y Asia, latinoamericana confirmándose como su principal mercado.

QUE SE PUEDE HACER

Actualmente en la agricultura ya se están manejando productos para el control de plagas y enfermedades, de origen orgánico a base de extractos vegetales, hongos entomopatógenos que infectan a los insectos, bacterias que producen toxinas específicas contra ciertas larvas de insectos.

Se usan técnicas como el manejo integrado de plagas (MIP), que incluye el control biológico, la rotación de cultivos, el uso de variedades resistentes y el monitoreo constante.

La agricultura orgánica es una alternativa que se enfoca en prácticas sostenibles con el uso de fertilizantes orgánicos, como el compost. Otras medidas incluyen la siembra de plantas complementarias para repeler plagas de forma natural y el uso de soluciones caseras para controlar plagas menores.

Combatir el estrés en las plantas ayuda a controlar plagas y enfermedades porque fortalece su sistema inmunológico y de defensa. Las plantas sanas son más resistentes a los patógenos y pueden recuperarse mejor de situaciones adversas.

Cuando las plantas sufren estrés (por ejemplo, sequía, salinidad, temperaturas extremas), se generan compuestos que generan estrés y que excede la capacidad de la planta para neutralizarlas. Esto debilita su sistema de defensa, un estado de estrés oxidativo alto hace que las plantas sean más vulnerables a las infecciones y ataques de plagas, ya que su capacidad para activar las defensas contra los patógenos se ve comprometida.

Cómo combatir el estrés oxidativo, se pueden utilizar bioestimulantes a base de compuestos orgánicos ejemplo algas marinas, ácidos orgánicos, ácidos fenólicos para reforzar el sistema de defensa natural de las plantas, haciéndolas más resistentes al estrés oxidativo, debemos mejorar la nutrición, proporcionar a las plantas los cuidados adecuados en cuanto a condiciones de suelo apropiado, agua y luz,  todo esto ayuda a prevenir el estrés y les permite dedicar su energía a crecer y defenderse de plagas y enfermedades, en lugar de recuperarse del daño celular.

Para prevenir los daños a la salud se puede y se debe hacer un mejor uso de los plaguicidas para minimizar los daños mediante un uso responsable, siguiendo estrictamente las indicaciones de la etiqueta, utilizando el equipo de protección personal adecuado y considerando alternativas de control. El uso excesivo o incorrecto es la principal causa de riesgos para la salud, pero un manejo adecuado puede reducir la exposición y prevenir enfermedades agudas y crónicas.

Mejorar los controles del estado bajo sus instituciones encargadas de velar nuestra seguridad alimentaria.

Prohibir a todo nivel el uso de plaguicidas altamente tóxicos.

Protejamos nuestra seguridad alimentaria, con una agricultura sostenible donde todas las personas tengan acceso a alimentos suficientes, seguros, nutritivos y de calidad para llevar una vida saludable.

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