En los últimos años la ingeniería genética ha trabajado intensamente en la transformación de ciertos cultivos, a los cuales se le ha introducido genes de otras especies con la finalidad de darles características de resistencia a ciertas plagas y enfermedades. Al producto de esta modificación genética se le llama transgénico u organismo genéticamente modificado (OGM). La pregunta que nos hacemos los consumidores en todo el mundo es sobre si estos cultivos a través de los alimentos que se producen, implican algún riesgo su consumo y sus efectos para los seres humanos, los animales y en general para la naturaleza.
Según varios estudios realizados por profesionales competentes consideran posibles algunos riesgos que implican liberar un organismo transgénico.
Como los alimentos transgénicos no llevan una etiqueta informativa, quienes sufren de alergias hacia algún alimento, no tiene como saber si lo que van a consumir puede implicar algún riesgo o, en caso de sufrir reacción alérgica, debido a una molécula GMO contenida en los ingredientes que la provocó.
Los alimentos transgénicos pueden incrementar la resistencia a los antibióticos, con lo que resulta más difícil controlar las enfermedades.
Los cultivos transgénicos pueden causar serios daños al equilibrio ecológico y la biodiversidad, reducción y pérdida de organismos benéficos a nivel del suelo. La manipulación genética puede aumentar los niveles de toxinas vegetales naturalmente presentes en los alimentos, o desarrollar toxinas totalmente nuevas. Es el caso de la hormona artificial BST, que se inyecta para estimular mayor producción de leche, y que podría aumentar el riesgo de cáncer en los seres humanos.
La modificación genética puede alterar el valor nutricional de manera positiva o negativa. Es el caso de la leche proveniente de vacas inyectadas con la hormona BST, la que contiene niveles más altos de pus, bacteria y de grasa.
Al no estar consignada en las etiquetas esta información es muy difícil. Según Greenpeace la soya transgénica está presente en cerca el 60% de los productos elaborados con soya (aceites vegetales, harina de soya, lecitina, etc.). por su parte el maíz transgénico se encuentra en el 50% de los productos elaborados con maíz (almidón, harina de maíz, etc.). Es por ello que Consumers International ha lanzado una campaña mundial para exigir que los fabricantes informen al consumidor sobre el uso de transgénicos en los alimentos que expenden, así el propio consumidor tomará su decisión de comprar o no comprar.
Ahora si los transgénicos permitieran aumentar el volumen de las cosechas y como resultado disminuir el precio de la producción agraria, con lo cual los fabricantes de productos secundarios (carne, leche, harinas, pan, etc.) en los países donde es permitido su cultivo y por otro lado, en nuestro país la mala política agraria permite el aumento de los precios de los productos naturales debido al alto precio de los fertilizantes e insumos empleados para su producción, se establece una ventaja competitiva de las compañías extranjeras frente a nuestros productores locales en nuestro mercado nacional.
A mi opinión el etiquetado correcto de los productos con utilización de los transgénicos nos permite frenar el neocolonialismo económico, apoyar a los productos nacionales, disminuir las ventajas publicitarias de la producción transgénica y su utilización secundaria en el Perú a favor del desarrollo sostenible y saludable.
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